sábado, 28 de diciembre de 2024

El Juego del Calamar: Una Sociedad Gobernada por una Élite


 

La primera temporada de *El Juego del Calamar* no solo cautivó al mundo por su trama impactante y su desarrollo emocional, sino también por los mensajes simbólicos y las críticas sociales que plantea. A medida que la serie avanza hacia sus últimos episodios, la narrativa introduce a los VIP, un grupo de personas ultra millonarias que representa a la élite global, quienes asisten personalmente a presenciar los juegos. Su presencia es clave para desentrañar las críticas más profundas que la serie ofrece sobre el poder, la corrupción y la naturaleza humana.



Los VIP y el simbolismo de las máscaras


Los VIP aparecen enmascarados con rostros de animales, un detalle que no es meramente estético. Este simbolismo remite a prácticas reales de élites poderosas, como las legendarias fiestas de los Rothschild, conocidas por su carga simbólica y ritualista. Las máscaras no solo ocultan la identidad de estas personas, sino que también las reducen a su lado más primitivo: la lujuria y la sangre. Estos elementos centrales del comportamiento humano se reflejan en su morbosa fascinación por los juegos, que combinan violencia extrema con una teatralidad perturbadora.



El banquete de los élites: un ritual masónico


Cuando solo quedan tres jugadores en competencia, estos son invitados a un banquete de élite. El escenario de esta fiesta está cargado de simbolismo. Las mesas se disponen en forma de triángulo, con una lámpara en el centro, y todo esto descansa sobre un piso de tablero de ajedrez. Además, dos pilares de luz flanquean la escena. Este conjunto evoca el simbolismo masónico, donde el tablero de ajedrez representa la dualidad de la vida y el lugar donde se realizan rituales de transformación. La escenografía refuerza la idea de que los juegos son más que una simple competición: son un ritual cuidadosamente orquestado para el entretenimiento de los VIP.


El sacrificio de sangre, uno de los rituales más poderosos en muchas tradiciones ocultas, se convierte en el punto culminante de la serie. Los VIP no solo quieren espectáculo; buscan una experiencia visceral que reafirme su control y su posición como observadores privilegiados de la humanidad.



El protagonista y el “séptimo cielo”


El protagonista, Gi-hun, emerge como el ganador final del juego, recibiendo una fortuna equivalente a 33 millones de euros, un número cargado de simbolismo cabalístico. Sin embargo, su victoria no le brinda felicidad ni paz; en lugar de eso, lo sumerge en un período de introspección y desesperación. Un año después, Gi-hun es invitado a un encuentro con el anciano jugador 001, quien resulta ser el creador de los juegos.


En esta reunión, que simboliza una ascensión al “séptimo cielo” —un concepto presente en la Cabalá y otras tradiciones espirituales—, el anciano revela su motivación para crear los juegos: “Cuando tienes demasiado dinero, todo se vuelve aburrido”. Esta declaración refleja el vacío existencial de las élites y su búsqueda de entretenimiento en actividades extremas y, a menudo, inhumanas. Para el anciano, ver los juegos ya no era suficiente; necesitaba participar directamente para sentirse vivo.



Transformación y círculos de poder


La experiencia cambia a Gi-hun de manera profunda. Se tiñe el cabello de rojo, un color asociado con el sacrificio y la iniciación en círculos ocultos. Este cambio refleja su nueva perspectiva y su potencial conexión con las estructuras de poder que inicialmente rechazaba. Además, la serie sugiere que incluso un ganador puede ser absorbido por el sistema que lo oprimió, convirtiéndose eventualmente en uno de los organizadores o líderes de los juegos.



 El mensaje final: el primado negativo


El Juego del Calamar no solo expone la crueldad y el sinsentido del sistema, sino que también enfrenta a los espectadores con una pregunta inquietante: ¿Somos diferentes de los VIP al disfrutar de este tipo de entretenimiento? Al igual que los élites observan los juegos para su propio placer, los espectadores consumen esta serie como una forma de entretenimiento, sin cuestionar completamente las críticas implícitas que plantea.


En última instancia, la serie funciona como un ejemplo de primado negativo, un concepto que plantea que las élites revelan sus planes o filosofías a través del entretenimiento para preparar a la sociedad para aceptarlos. *El Juego del Calamar* se convierte así en un espejo de nuestra propia complacencia y de las estructuras de poder que perpetuamos, consciente o inconscientemente.



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